viernes, 14 de septiembre de 2007

Sentir...

Siento por una parte la certeza de la derrota, por otra, tengo el mundo en mis manos.

Todo cuanto escribo está dirigido a mi misma, todo cuanto escriba no pasará más allá de ser una forma "absurda" (para muchos) de desahogarme.

Trato de sentir... siento... y pienso en todo cuanto ha ocurrido en mis cortos 18 años.

Sentí... siento... y hoy escribo en general... por aquellos que como yo... pensamos lo mismo.

Los adolescentes idealizamos cada sentimiento y tratamos de vivirlo en forma intensa, ya sea amor, dolor... felicidad, y por lo mismo nos desenvolvemos muchas veces de forma irresponsable.

Tenemos muchos caminos... sabemos que tenemos que seguir, pero la mayor parte del tiempo nos aferramos a nuestra propia religion, forjada en lo más profundo de nuestro corazón y nos cuesta dejarla atrás.

Preferimos sentir, aunque sea sentir tristeza, sufrimiento...


Cuando algo o alguien muere en la vida, con el dolor podemos revivirlo, si no lo hacemos, con el paso del tiempo olvidamos, olvidamos momentos, gestos... palabras, ¿y que nos queda? el vacío... sin más... olvidamos.

Como todas las personas nos alejamos del dolor (por lo mismo nos distanciamos del amor en su forma más pura) pero no debemos hacerlo sólo porque sufrir nos parezca duro, debemos enfrentarlo porque cada lágrima vertida en el dolor... nos glorifica, nos enseña... nos ayuda a remendar en cierto modo las heridas y a la vez entrega sentimientos más íntegros.

Todo amor es poético, todo dolor es poético, toda vida es poética, mágica, única.



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"Sí, son cosas de adolescente, porque yo soy adolescente. Pero son cosas de la vida, como toda la intensidad de la vida, y es cruel, absurdo, ponerles el rótulo 'adolescencia' y suponer que eso las hace menos reales, las aproxima al juego. ¿Cómo puedo decir que Gracia era bella sin decir: 'era bella?, ni cómo puedo decir que su voz era tibia si decir: 'su voz era tibia? No es culpa mia que el uso haya reblandecido los adjetivos, que las palabras se hayan hecho débiles, o que los oídos se hayan puesto duros a ellas.

Pero donde yo digo amor, digo todo el amor.

Donde digo mujer, digo todo lo que es la mujer.

Donde digo que había magia, o milagro, es porque no hay otros términos para describirlo.
¿Y qué importa , entonces, que yo sea adolescente? ¿Siento, sufro, vivo menos por eso? ¿ha dejado, por eso, de ocurrirme cuanto me ha ocurrido?"



(Guillermo Blanco, Gracia y el forastero)



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