Despertó en la madrugada, a eso de las seis. Aun tenía la sensación de estar soñando cuando se sentó en la cama y se frotó los ojos. Miro a su alrededor y callo en cuenta de la realidad. Se sumió en sus pensamientos haciendo un esfuerzo por recordar su vida desde el primer atisbo de conciencia. Y como siempre hablo consigo misma o con la sombra de lo que antes fuera ella.
Se miró en el espejo y vio a una niña con el cabello desordenado y alborotado, la vida no había cambiado mucho en ese sentido, más en otros aspectos, todo era muy diferente.
Quiso regresar a la infancia, y en su mente se dibujaron las canciones que hace mucho tiempo le cantara su mamá cuando la llevaba al colegio por las mañanas, recordó también el sol en la cara, el desierto rojizo… sus amigos, la Verito que vivía en la casa del frente y todos los juegos forjados en la imaginación.
Retrocedió en su memoria y diviso unos recuerdos vagos, como ensoñaciones. Sintió el olor a la sémola con leche espolvoreada con azúcar y creyó sentir su sabor nuevamente en la boca.
Se pregunto de pronto donde estaría esa niña, la vida le había dado duros golpes… había sentido tantas cosas, se dijo a si misma que tal vez estaría aún en el fondo de su mente, opacada por las desilusiones, desilusiones en la vida… desilusiones que comenzaron cuando tomo conciencia del mundo, pero que más daba ahora…
Ya todo había ocurrido, “todo pasa por algo”, se dijo, y una sonrisa se dibujo en sus labios.
Sí, todo pasaba por algo; ahora todo adquiría sentido, por algo salio hace mucho tiempo de la ciudad donde nació, por algo estaba ahora en este lugar.
No todo era malo, conoció a muchas personas especiales en el camino, fue feliz muchas veces, y descubrió tantas cosas nuevas.
Cerro los ojos y creyó estar en el mejor lugar del mundo, el que antes imaginara para escapar por un segundo de lo que ella creía era su monótona existencia.
Tuvo una idea, absurda, pero idea a fin de cuentas.
Cerró los ojos y volvió a dormir.
Se miró en el espejo y vio a una niña con el cabello desordenado y alborotado, la vida no había cambiado mucho en ese sentido, más en otros aspectos, todo era muy diferente.
Quiso regresar a la infancia, y en su mente se dibujaron las canciones que hace mucho tiempo le cantara su mamá cuando la llevaba al colegio por las mañanas, recordó también el sol en la cara, el desierto rojizo… sus amigos, la Verito que vivía en la casa del frente y todos los juegos forjados en la imaginación.
Retrocedió en su memoria y diviso unos recuerdos vagos, como ensoñaciones. Sintió el olor a la sémola con leche espolvoreada con azúcar y creyó sentir su sabor nuevamente en la boca.
Se pregunto de pronto donde estaría esa niña, la vida le había dado duros golpes… había sentido tantas cosas, se dijo a si misma que tal vez estaría aún en el fondo de su mente, opacada por las desilusiones, desilusiones en la vida… desilusiones que comenzaron cuando tomo conciencia del mundo, pero que más daba ahora…
Ya todo había ocurrido, “todo pasa por algo”, se dijo, y una sonrisa se dibujo en sus labios.
Sí, todo pasaba por algo; ahora todo adquiría sentido, por algo salio hace mucho tiempo de la ciudad donde nació, por algo estaba ahora en este lugar.
No todo era malo, conoció a muchas personas especiales en el camino, fue feliz muchas veces, y descubrió tantas cosas nuevas.
Cerro los ojos y creyó estar en el mejor lugar del mundo, el que antes imaginara para escapar por un segundo de lo que ella creía era su monótona existencia.
Tuvo una idea, absurda, pero idea a fin de cuentas.
Cerró los ojos y volvió a dormir.

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